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2 feb 2018

DES-MEMORIA DE TI




“¿Por qué recuerdas que la luz se muere
                   y en cambio olvidas que también muere la sombra?”
                                                                                                                                     Roberto Juarroz 
 


                                                                                                                
No me preguntes cómo sostener tu nombre
cuando la tarde cae en los cristales y una extraña ausencia sin raíces comienza  a transitarnos…

¡He olvidado de pronto tantas cosas!

Apenas  recuerdo aquel  Enero, en que la noche se nos hizo primavera y rompimos los espejos para vernos renacer,  o cómo conseguimos que el azahar nos poblara las heridas borrando  todas las cicatrices que marcaban nuestras vidas.

No sé si era el color de tus ojos, tan diferentes a los míos, o la terca redondez de tu mirada lo que nos hacía sentir que existían caminos nuevos donde el amor  podría pronunciarnos.

No recuerdo cuándo la lluvia se nos hizo otoño,
cuándo se durmieron los labios
por dejar caer los besos al abismo insondable del silencio,
cuándo la mar cansada de tantas esperas se nos volvió fría.

No dejo de preguntarme  de qué sirvieron tantos adjetivos  pronunciados, cuando el temblor del junco erizaba nuestras pieles, haciéndonos  vértigo derramado en caricias.

 He olvidado la risa… la risa que se nos hacía amor entre las sábanas.

¿Dónde han quedado tus huellas?
Tus huellas en mí… ¿Dónde?

¿Qué idioma, sin racimos de duda, inventaré para nombrarte azul
  cuando el regreso a ti se me haga inevitable?

Tendré que deshilar el vidrio o templar el vuelo de los pájaros para retornar la memoria a tu recuerdo.


 © Ana Villalobos Carballo
       Publicado Revista Aldaba
.




26 jul 2015

EXACTITUD GEOMÉTRICA





Podría parecer que llegaste a destiempo, igual que aquella primavera que entraba a hurtadillas y descubría el aroma de azahar encubierto en el rocío de todas mis escarchas.
Podría parecer que llegaste para sumar a mis noches todos los insomnios y demostrarme, a mi misma, el teorema que calcula la ecuación lineal de mi paciencia.

Yo sé que tú viniste a despertarme de un tiempo dormido en la costumbre.

Podría deshilvanar el pasado y buscar en mi memoria todas las lágrimas derramadas por tu nombre, pero es tan terco el olvido que se apropia de toda la lluvia sin aliento de mis ojos y sólo me deja recordar a aquel gorrioncillo, de rubio plumaje, que tantos años sostuve entre mis manos.

Tal vez un día no recuerde tu nombre o el perfil de tu mirada, pero el corazón siempre albergará la silueta de tu mano con la medida exacta de mi cuello.

Hoy descubro en ti mi reflejo como agua de Mayo y descubro que estás hecha con la misma geometría de mi piel. No me eres extraña, ni me eres ajena. 

Podría parecer que soy yo misma,
……………………..............pero estás hecha de mí, desde el principio en mí,
….....…………………………………………       ……….........…………….......…..pero sin mí.


“Dedicado a mi hija”

Ti voglio bene e ti manchio tantissimo, cara figlia.

© Ana Villalobos Carballo

29 jun 2015

MEMORIAS DE OTRA PIEL





Yo conocí el verdadero sabor de las palabras, degusté sus aromas en los retazos  que de ti quedaron grabados en mi piel. Un acróstico de luna escribía nuestros nombres en la explosión de un poema derramado en las calles y en las plazas.

Juntos pronunciamos la metáfora del lirio que en su ascenso derrama su blancura en la azucena y descubrimos el milagroso crujir del junco al roce de las pieles. Llegábamos a ser luz cuando extendíamos la pasión en algún verso y  la misma sed nos envolvía.

Aún puedo sentir mi fragilidad temblando en tu misterio cuando un diálogo de besos reclamaba el ardor que precede a los suspiros.

Tal vez tan solo fuimos un paréntesis en la inabarcable irrealidad de un sueño y nunca sepamos porqué cayeron las sombras en las calles que aún guardan nuestros nombres.
No puedo comprender qué enigma envuelve este silencio. Quizás las palabras sepan de razones que escapan a los ojos y los vocablos nublen las miradas que ansían nuevos horizontes. 

A veces no es tan fácil acostumbrar la piel a un nuevo tacto.



© Ana Villalobos Carballo

                        Junio 2015