22 nov. 2007

HOY TE ESCRIBO Y NO SÉ POR QUÉ LO HAGO

"En una nube de algodón, en el día del recuerdo de un ayer de instantes infinitos".

En esta noche, de nubes que raspan, me viene tu recuerdo y, aunque el sueño comienza a alborotar entre las sábanas, te escribo esta carta, y no sé por qué lo hago. Quizás, te escribo porque he recordado que el tiempo, antes de conocerte, era infinito y, ahora, es sólo un instante o quizás, sea el dolor de mis ojos de tristeza, que tiñe este papel de letras escarlata.
He buscado en el álbum viejo de mi memoria algún recuerdo imborrable, la estación donde descansa tu nombre, la fotografía de palabras abstractas hechas verso pero no la he encontrado. Entonces, te he imaginado en blanco y negro, tu silueta ha llegado entre las ondas y se ha posado en el sendero de mis sueños. Sueños, viejos sueños, de cuando tu eras agua resbalando por mi piel y fuego abrasando mis entrañas, de aquellos tiempos en que yo era tu verdad, esa que inventabas cada día en tus aguas derramadas por la pasión.
Te imagino y, te vuelvo a imaginar, en el camino de hojas secas al que te llevó la penumbra de tu voz que se resiste a la herida. Intentabas disfrazar el silencio en tus ojos de estatua. Y, aunque no me creas, me han dolido tus manos, vacías, marcadas por las arrugas de la soledad, como un viejo marinero, luchando con la marea para no ser un barco que naufraga en un océano de esperanzas perdidas en su inmensidad. Me ha dolido tu mirada que desangra, gota a gota, los surcos en el alma que abrieron las palabras escritas y nunca dichas. Todas tus tempestades me han dolido y, también, cada minuto de olvido reflejado en el espejo sin fondo de la memoria. Pero, mis urgencias te nombran en donde la herida se hace crónica y viajo en esta ciudad sin nombre, de tu ausencia irreversible, donde la luz difusa me acerca a tu noche, donde dibujo tus labios aunque los dedos me tiemblan.
He leído tu diccionario de disculpas, había páginas mojadas con tus lágrimas, con mis lágrimas, pero faltan los acentos, los puntos y las comas.
De nuevo, llega la noche que amamanta las palabras con recuerdos imposibles. Estás cerca, con tus ojos de estatua, en los límites del agua, donde tu voz se vuelve turbia y tus manos se hacen barro, en donde no se distingue el color de tu bandera.
Pero, ahora que el sueño empieza a alborotar, los párpados cansados pesan y las sábanas se han mojado de recuerdos, visto mi cama de blanco y escribo con esta tinta imborrable que sobrevive a los naufragios.
¿Qué por qué te escribo? No sé muy bien porque lo hago. Quizás, para decirte que abandones el barco de la congoja que naufraga en el silencio de las horas y escapes a la memoria más antigua que detuvo el tiempo y el espacio. Quizás, porque se avecinan tiempos de desahucio y tengo mi ventana orientada a la esperanza. O quizás, sólo….quizás porque aún: Te amo

Ana Villalobos Carballo
22/11/2007
Finalista III Certámen de Cartas y Poemas de Amor Rumayquiya




1 comentario:

Manu dijo...

Una carta,Ana, que va creciendo por momentos y que nos hace pasear por todos los estadios del amor. Es un lujo leerte porque haces que el lector se emocione profundamente con tus palabras. Me he emocionado leyéndote como hacía mucho tiempo que no lo hacia. Gracias por hacernos partícipes de este "ayer de instantes infinitos".

Un beso, Manu